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Joseph BAIL (1862-1921)
Frutas y vasija de cobre
Óleo sobre lienzo
Se especializó en escenas de interior, conventuales principalmente, donde trató de captar el sosiego de la vida retirada por medio de ambientes iluminados a la manera del siglo XVII, íntimos y silenciosos, como había aprendido de su padre, aunque también fue alumno de GERÔME (1824-1904) y de CAROLUS-DURAN (1837-1917).
La abigarrada composición del cuadro denota también su gusto por las naturalezas muertas holandesas del siglo XVII si bien la aparente soltura del trazo hace los frutos algo acartonados aun cuando el singular tratamiento de la luz personaliza cada fruto. La mayor libertad la consigue en las hojas de último término y en el suave tratamiento de las sombras. También se advierte con claridad uno de sus rasgos más característicos: resaltar los brillos mediante apliques de pintura blanca, como se ve en los granos de uva, los asideros de cobre y, exageradamente, en los melocotones y la panza de la vasija.