

Tudela ha sido encrucijada de caminos y de culturas, desde su fundación en el S. IX por los árabes, convivieron en la ciudad judíos, árabes y cristianos. Fue la tercera ciudad en importancia dentro de la Marca Superior de Al-Andalus, y bajo el dominio de los Banu Hud, dependiendo de la taifa musulmana de Zaragoza fue centro cultural de primera magnitud destacando sus escuelas tanto coránicas como rabínicas.
Desde el mismo origen de la Ciudad, a mitades del S. IX los judíos se agruparon en una zona al sureste de la muralla, en las proximidades del río Queiles. En el año 1119 la decadencia militar de los reinos de taifas ocasionó la toma de Tudela por el rey aragonés Alfonso I el Batallador, llegándose a un pacto por el cual los musulmanes podían permanecer en la ciudad conservando sus instituciones y autoridades peculiares pero creando un barrio nuevo (la morería) en extramuros de la ciudad.
En el año 1170, el rey de Navarra Sancho VI el Sabio decreta el traslado de la Judería Vetula a un nuevo emplazamiento, junto a los muros del castillo, cuya custodia y reparaciones les encomienda a cambio de una mejor protección.
El hallazgo del sepulcro del primer apóstol mártir en el S. IX atrajo peregrinos de todo el mundo por diferentes rutas. El camino Jacobeo del Ebro recogía aquellos peregrinos procedentes del Mediterráneo que iban siguiendo el gran río Ebro, desde Tortosa, pasando por Caspe, Zaragoza, Tudela, Alfaro y Calahorra hasta Logroño, ciudad en la que se unía con el camino que descendía de Roncesvalles.
Ya en el S. XIX, Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), poeta español, una de las figuras más importantes del romanticismo, aquejado de una grave enfermedad, probablemente tuberculosa o venérea, se hospedó en la posada Remigio en su camino hacia el Monasterio de Veruela.

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